En los pasillos de La Moneda y en los paneles de expertos de la televisión hay fiesta: se ponen corbata nueva, miran las cámaras con cara de estadistas y anuncian con bombos y platillos que el desempleo del trimestre móvil apenas roza el 6,6%. “Miren qué maravilla”, nos dicen sonrientes, “el mercado se recupera, la reactivación está en marcha y el país avanza a paso firme”.
Pero cuando el trabajador común y corriente apaga la tele y sale a la calle, la película es totalmente distinta. Hay que preguntárselo con honestidad, sin rodeos y mirándonos al espejo: ¿es esto lo que votaron las familias trabajadoras chilenas? ¿Era esta la cacareada “libertad y reactivación”: andar haciendo malabares con pegas a honorarios truchas, turnos cortados por horas y el miedo permanente a que te echen sin un peso en el bolsillo?
El truco de magia del 6,6%: empleados en el papel, pobres en la realidad
Para entender la estafa no se necesita un doctorado en Harvard; basta mirar los datos que los defensores del modelo prefieren esconder debajo de la alfombra. El centro de estudios Fundación Sol le puso números claros a esta ilusión estadística: si se sincerara la medición incorporando el subempleo (la gente que trabaja un par de horas a la semana porque no encuentra nada más) y el desaliento laboral (quienes se cansaron de tirar currículums al vacío), la verdadera Tasa de Desempleo Integral trepa de inmediato a un demoledor 11,4%.
La cifra de creación de puestos de trabajo es otro chiste cruel:
- 81,1% de los nuevos asalariados creados en los últimos 27 meses corresponden a subcontratación, empresas de suministro de personal, enganchadores y servicios transitorios. No hay estabilidad ni pertenencia; eres un código de barras desechable.
- De los empleos por cuenta propia generados, el 100% es de jornada parcial involuntaria y más del 92% corresponde a puestos de baja calificación. No son los flamantes “emprendedores e innovadores del siglo XXI” del comercial de televisión; es gente que sobrevive vendiendo lo que puede en la feria o arriba del transporte público.
- Hoy en Chile, el 47,7% de los trabajadores no cuenta con protección laboral plena, y más de 1 millón de personas son asalariados de hecho —cumplen horario rígido, obedecen órdenes y tienen jefatura— pero no tienen ni siquiera un contrato de trabajo firmado.
Tener empleo en el Chile actual ya no es sinónimo de salir de la pobreza. Cuando el salario mínimo apenas cubre dos tercios de la línea de la pobreza familiar, lo que tenemos no es un mercado boyante: tenemos un ejército de compatriotas que madrugan a diario para ser pobres con contrato o informales sin derechos.
La sinceridad patronal: protegerte “es un cacho”
Mientras la realidad de los hogares cruje, el gobierno de José Antonio Kast impulsa su propia receta de “modernización y reactivación”. Y para entender el espíritu de esta agenda, no hace falta especular; ellos mismos lo confiesan sin pudor.
El presidente de la propia Mesa de Reactivación Laboral gubernamental, David Bravo, lo resumió en televisión abierta con una frase que retrata de cuerpo entero a la clase patronal:
La protección del trabajador es un cacho para la empresa.David Bravo, presidente de la Mesa de Reactivación Laboral
¡Qué alivio la sinceridad! Por fin lo dijeron sin anestesia: para los economistas de escritorio y los gremios empresariales, tu derecho al descanso, tu indemnización por años de entrega y la certeza de saber cuánto vas a ganar a fin de mes no son derechos humanos ni conquistas laborales; son un “estorbo” que hay que extirpar para que los balances financieros del gran capital sigan batiendo récords.
El menú del despojo: cuatro platos para liquidar la dignidad
El libreto no es moderno: es la continuación directa del Plan Laboral que la dictadura impuso en 1979, aderezado hoy con el experimento ultraliberal que ya tiene a la vecina Argentina con un 43% de informalidad brutal. El paquete legislativo es un traje a la medida del retail y los grandes conglomerados:
- El contrato por horas (o la rifa de tu sueldo): te contratan a pedazos. No sabes cuántas horas harás en el mes ni cuánto dinero llevarás a tu hogar para pagar el arriendo, destruyendo la previsión social y atomizando los sindicatos.
- La bendita “polifuncionalidad”: si te contrataron para una labor específica, ahora el patrón podrá ordenarte hacer la pega de tres personas distintas según su capricho. Menos contrataciones, más explotación física y mental, y exactamente por el mismo sueldo de hambre.
- Las 40 horas al estirador (la anualización de la jornada): quieren pasar el promedio de 4 semanas a 16 semanas en general y hasta 52 semanas en turismo y servicios. En temporada alta te exprimirán trabajando hasta 45 horas semanales sin pagar un solo peso de horas extras, prometiéndote que “te las devolverán en invierno”. ¿Y si estás a plazo fijo o por faena? Te echan cuando termina la temporada alta y el descanso prometido se queda en el aire.
- La indemnización a todo evento (el despido regalado): te lo pintan como una alcancía mágica si renuncias, pero en la práctica elimina la indemnización legal por años de servicio y liquida las causales de “necesidades de la empresa”. Si despedirte les sale gratis o cuesta dos chauchas, la mano de obra antigua será la primera sacrificada para reemplazarla por personal precarizado.
Una reflexión necesaria para la clase trabajadora
¿De verdad creímos que entregándole las llaves de la legislación laboral a los mismos que consideran que nuestros derechos son un “cacho” íbamos a mejorar nuestras vidas?
El desempleo y la crisis de salarios no nacen de una supuesta “rigidez” en las leyes ni de que los trabajadores tengamos “demasiados privilegios”. Nacen de un modelo rentista, extractivista y especulador que es incapaz de generar desarrollo productivo real y que solo sabe inflar sus ganancias exprimiendo los costos laborales y traspasando todas las crisis a la espalda de la familia trabajadora.
Desde la Central Autónoma de Trabajadores (CAT) convocamos a reflexionar con la cabeza fría, pero a reaccionar con el puño en alto. La reactivación no pasa por arrodillarse ante la patronal ni por aceptar contratos migaja. Pasa por reconstruir la organización sindical en cada rincón, articular la solidaridad de clase y exigir sin complejos que el trabajo en Chile vuelva a ser sinónimo de dignidad, estabilidad y soberanía. ¡Nuestros derechos no son un cacho, son historia viva y no los vamos a entregar!



